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sobrevivimos al fuego


Cristo le atinó. Cuando dos o más se reúnan en mi nombre, ahí estaré. Ya se sabe: amigos con ciertas cualidades y predisposiciones en común se juntan para realizar algo que suponen tiene mística y trascendencia, cosa que no hay que dudar pues cada cual a lo suyo, y en ese mismo instante algo emana de ellos, el fuego gregario y sagrado, la unión de voluntades, la conjunción de cuerpos. Pero si esta reunión se realiza entre personas que en su mayoría no se conoce, en un escenario ajeno y poco ortodoxo, un día manifiestamente salvaje y para colmo con el pretexto de una lectura de poesía, entonces, entonces sí que le atinó Cristo: surgen de las cabezas alocadas lenguas de fuego, atormentantes visiones y un guitarrista del carajo...